10/12/12

La escritura mató la oralidad.


La soledad de América Latina, así se llama el discurso leído por Gabriel García Márquez hace 30 años, cuando recibió el premio Nobel.

“Ni en el más delirante de mis sueños, en los días en que escribía Cien años de soledad, llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares”. Así comienza el discurso durante el homenaje en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española dado por el escritor.
Juntos discursos los leyó. Leer un discurso es una práctica tan recurrente en grandes eventos se en muchos casos podría ser un atrevimiento llegar sin el documento. El punto central está en leer correctamente.

Leer un discurso se puede convertir en el acto más acartonado, más liviano, más superficial y hasta despectivo posible. Es indispensable tener clara la técnica para leer y el contexto en el que se lee.
 
No llegas a tu casa, después de un año de no ver a tu mamá, y sacas del bolsillo derecho un papel doblado en cuatro partes y lo lees, sin mirarla a los ojos. Nadie duda que tus palabras sean verdad, que salgan de tu corazón, que hubiesen sido escritas con lágrimas, pero el solo hecho de leer sin mirarla a la cara mata la magia, mata el mensaje.

Pareciera que los discursos leídos, en ciertos contextos, fueran un punto más de un protocolo libretiado del cual quien lo lee no se puede salir.

Mi mamá me decía que cuando uno lee en voz alta lo ojos debían estar delante de la voz y que siempre debía, al terminar una frase, mirar al público.

El punto no está en leer un discurso, está en no hacerlo correctamente y no hacerlo en el contexto adecuado.

Tal vez el problema está en la mirada. Los ojos comunican más que las palabras, y cuando no miras a tu interlocutor no comunicas, lo ignoras, lo aniquilas, no tienes interlocutor, le niegas al otro el tener la oportunidad de recibir tu mensaje, le niegas la oportunidad de responderte. Al final de un discurso mal leído el silencio ronda en la sala.

Nunca pensé que la escritura rompiera de tal manera la naturalidad de la oralidad. 

John Anzola
10/12/2012

3 comentarios:

Erika Padilla dijo...

Del texto se puede concluir que cuando se realiza una lectura de un texto sin discriminar las diferentes literaturas, hay que hacerlo correctamente para interpretar y expresar de la forma más adecuada el mensaje que propone el escritor, teniendo en cuenta las técnicas adecuadas para que el público entienda y se haga participe de lo que se quiere comunicar. De esta manera no tergiversar el mensaje que pretende expresar el interlocutor al momento de leer

Erika Padilla dijo...

Del texto se puede concluir que cuando se realiza una lectura de un texto sin discriminar las diferentes literaturas, hay que hacerlo correctamente para interpretar y expresar de la forma más adecuada el mensaje que propone el escritor, teniendo en cuenta las técnicas adecuadas para que el público entienda y se haga participe de lo que se quiere comunicar. De esta manera no tergiversar el mensaje que pretende expresar el interlocutor al momento de leer

Erika Padilla dijo...

Del texto se puede concluir que cuando se realiza una lectura de un texto sin discriminar las diferentes literaturas, hay que hacerlo correctamente para interpretar y expresar de la forma más adecuada el mensaje que propone el escritor, teniendo en cuenta las técnicas adecuadas para que el público entienda y se haga participe de lo que se quiere comunicar. De esta manera no tergiversar el mensaje que pretende expresar el interlocutor al momento de leer.

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